Tú no eres tu diagnóstico.

“Tienes quemaduras de segundo grado en tu esófago.”Así el médico trató de explicarme que el reflujo que tenía desde que nací, a mis 18 años había quemado parte de mi esófago, dejándolo hipersensible e irritado.

Luego de escuchar unas palabras como esas, con un dolor que no me dejaba comer, la desesperación aumentó como espuma. Para ese entonces estaba recién comenzando la universidad y recién acababa de tener un encuentro con Cristo. En definitiva, mi vida estaba siendo procesada.

Recuerdo lo difícil que fue entender que ya nada sería igual. Aunque mi niñez se resume fácilmente en dolores, medicinas y médicos (porque mi estómago siempre fue un problema para mi), este nuevo tiempo en mi vida representaba un cambio real.

Los primeros días luego de ese dolor tan severo que me llevó al hospital, solo podía comer farina (y fría) porque era lo único que podía tolerar. En unas semanas de varios medicamentos, comí papas… luego estuve un año solo comiendo majados.

Mis ojos fueron abiertos para ver la provisión de Dios. Empecé a ver productos sin gluten, sin salsas, sin nada que me pudiese hacer daño. 

En el proceso lloré muchas veces, a menudo sin consuelo. Nadie sabía que decir porque nadie que conocía había experimentado algo así. Me hice muchas preguntas, no entendía por qué nada mejoraba. Era un dolor constante. Era desesperante. Había días corridos que no sabía lo que era no sentir dolor. 

Una noche llegué a la iglesia y no me podía bajar del carro. Empecé a llorar. Tenía dolor, la gente cercana me decía que era mental (aún habiendo visto la endoscopía que mostraba todo). 

Entonces me empecé a vivir la condición. Y ese fue el error. Estaba obsesionada. Todo me daba miedo. No quería tocar nada. Me aislé. Mis pensamientos estaban constantemente enfocados en lo que tenía y en lo que eso me hacía ser.

En el momento que dejé de pensar “Yo soy Germarie y tengo esofagitis” mi vida cambió. Yo no soy el diagnostico y mi diagnostico no me define. Es solo un tiempo en mi vida del que Dios me sacará. Podremos experimentar el tiempo del valle, pero a su debido tiempo, Dios nos lleva a lo alto de la montaña.

Sin duda alguna, si Dios no hubiese estado en mi vida, si yo no hubiese creído que Él me ama demasiado y que las enfermedades son parte de la vida humana caída, la historia fuese otra.  
Para Su gloria puedo decir que Él ha sido fiel. 

El dolor no es mental.
Las personas en momentos de enfermedad solo necesitan ser escuchadas y amadas.
Te escribo a ti,

 A quien padece de una condición y no ves mejoría. El mundo pone sellos, nombres, adjetivos… “Incurable, inmejorable, intratable…” 

Dios puede hacerlo. En su tiempo, no en el nuestro. Es atreverte a creer que Él quiere bendecirte y usar esta situación para trasformarte. Él proveerá aliento.

Tú no eres tu condición.
“He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.”

‭‭Jeremías‬ ‭33:6‬ ‭RVR1960‬‬
“…Porque yo soy Jehová tu sanador”
Éxodo 15:26 RVR1960

Yo decido que comer.

El ser humano tiene autoridad y dominio dado por Dios sobre animales y objetos pero le cuesta trabajo tener dominio propio, sinónimo de “autocontrol”. Tener dominio sobre algo es tener autoridad, tener fuerza o como bien dice la palabra por si sola, dominar ese objeto.

¿Recuerdas la fecha de tu diagnóstico? El que haya sido: reflujo, gastritis, intolerancia o el que fuera. Seguramente esos primeros meses fueron difíciles para ti porque comenzaste a tener una dieta totalmente diferente a la que ya estabas acostumbrado. En esos momentos necesitaste el dominio propio y creo que esta capacidad de dominarnos a nosotros mismos nos la da Dios.

Tener dominio puede que sea difícil cuando estamos en una fiesta donde hay muchas mesas llenas de comida, dulces y postres que nos llaman la atención. Porque necesitamos tener dominio propio cuando hay algo que nos gusta. Cuando algo no nos gusta no tenemos que forzarnos a rechazarlo.

Es importante tener dominio sobre nosotros y pedirle a Dios que nos ayude en este proceso. Puede que sea difícil al principio, pero cuando uno comienza a tener dominio todo se hace más fácil porque ya no te estas dejando llevar por lo que tu cuerpo te dice que quiere comer sino que estás decidiendo lo que debes comer.

El médico nunca nos va a obligar a seguir la dieta. Es nuestra responsabilidad comer saludable y seguir sus recomendaciones porque es nuestra salud por la que vela. Cuando no nos cuidamos podemos sin darnos cuenta empeorar lo que ya tenemos. Así que no nos sirve de nada revelarnos en contra del medico y decir “Yo decido que comer.” porque en efecto decidimos y deberíamos siempre decidir por lo mejor. Dominarnos y saber decir “no debo hacerlo” porque creeme, que nadie sufrirá el dolor por nosotros.