Tú viniste conmigo

Cuando somos pequeños muchas veces no podemos abrir o cerrar bien la llave que hace que el agua corra y salga en las duchas. Usualmente si son tinas (bañeras), las llaves son separadas y casi siempre viejas y por eso son mucho más difíciles para abrir. Cuando tienes 7 años y tu papá te dice que te vayas a bañar, tú quieres demostrarle que eres independiente y que puedes hacerlo solo. Pero cuando llegas al baño te topas con que la llave está demasiado apretada como para moverla por ti mismo. Y piensas: “no le voy a decir a papi, porque va a pensar que soy un niño débil y yo no soy un niño débil”. Entonces intentas abrir o cerrar la llave con tus fuerzas, que son tan pocas o están tan mal empleadas, porque todavía estás aprendiendo. Y probablemente pasó que hiciste una fuerza mal hecha y te llevaste un dedo enreda’o, o sacaste la llave de sitio. Y entonces sí que se formó. Trataste de esconder lo que acabaste de hacer, pero no puedes porque tarde o temprano, por el llanto de susto o de dolor se van a enterar y papá va a entrar por esa puerta del baño repartiendo cantazos y gritando que por qué eres tan inútil. Así que el miedo de que puede decir papá, te asusta y no te deja moverte a pedirle ayuda. Cuando tu papá sabe que con 7 años necesitas ayuda para abrir la llave, necesitas saber hasta dónde llenar la tina, necesitas supervisión. Tú papá no se va a molestar porque le pidas ayuda, de hecho, el está esperando a que lo hagas.  

Como hijos de un Padre Invisible, de Jehová Dios Eterno, tenemos muchísimas situaciones que no sabemos resolver o que no podemos enfrentar con nuestras propias fuerzas. Hay etapas nuevas, decisiones importantes o sucesos que nos exigen una respuesta o una postura que no sabemos cuál será y nos tiene pensando ¿qué rayos voy a hacer ahora? ¿Cómo lo voy a hacer sin que Dios se enoje conmigo? ¡Yo no quiero que Dios piense que yo no puedo hacer lo que Él me dijo que hiciera! Yo quiero cumplir con el propósito que Dios tiene para mi vida, en cada área que Él creo. 

Dios no se va a enojar contigo porque ores con honestidad y digas: Señor, no sé que estoy haciendo, no sé cómo lo voy a hacer, necesito que me guíes y que me ayudes. 

Cuando tratamos de arreglar las cosas por nosotros mismos de seguro terminamos con un reguero más grande del que teníamos cuando empezamos. Con la tina desbordada, con espuma en el piso, con la llave rota y con un dedo fracturado, pero créeme que con un Padre con brazos abiertos diciéndote ”Ven, Yo te ayudo”. Así que mejor, desde el principio cuando veas la llave di: “No sé cómo voy a abrir esta llave y que salga agua de ahí, pero Tú me mandaste a este baño. Tú me mandaste a este lugar, Tú me dijiste hazlo. Así que estoy aquí, y Tú me darás la fuerza. Tú viniste conmigo.” 

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