¿El periodismo en peligro de extinción?

Cuando digo que soy estudiante de periodismo la gente se emociona o me mira raro. Me han hecho comentarios tan extraños como “Te veré dando el tiempo en la televisión”. A veces es como decir que estudias veterinaria especializándote en mamuts. Para las personas que no tienen una idea clara de lo que es el periodismo, este oficio esta “en peligro de extinción”.

El periodismo es y siempre será la profesión más emocionante. Aunque algunos crean que ese privilegio se lo llevan los bomberos por apagar fuegos o los médicos por salvar vidas; la verdadera acción la viven los reporteros. Al periodista le toca reportar lo que pasó en medio de ese fuego y crear una imagen clara de por qué se quemo, cómo se quemó y dónde se quemó eso que nuestros amigos los bomberos tuvieron que apagar.

Nos emociona cuando la gente dice que está peligro de extinción y no nos asusta porque sabemos que siempre habrá datos y que también siempre hará falta alguien que los organice. La información se forma con esos detalles que están sueltos y las fuentes que vivieron el hecho.

Esta frase que pasa de boca en boca, nos hace querer sorprender a todos. Especialmente a los que se creen periodistas por escribir dos oraciones bonitas que recibieron más de 20 “likes” en Facebook.

El periodismo es uno de los mejores recursos que tenemos como generación para hacer la historia. El periodista cuenta con la realidad del suceso una historia viva que nos incluye a todos.

Construye puentes de información entre naciones, haciéndonos sentir cerca aunque estemos lejos en distancia.

No tiene clase social, sino que se esmera por unirlas todas. Ofreciéndole, a veces gratuitamente, análisis e información necesaria para que puedan conocer y elegir a los gobernantes del país. Fiscalizando y revelando los detalles necesarios para que el pueblo esté al tanto de lo que ocurre mientras las cámaras no están presentes.

El periodismo captura el suceso, lo analiza y “le da forma” a la historia. Por esto estudio periodismo, porque creo en el poder de la palabra escrita.

¿El periodismo en peligro de extinción? No mientras exista la curiosidad.

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La cárcel: el lugar de su libertad 

“Estaba en una depresión brutal, me estaban buscando pa’ quitarme la vida y en ese transcurso, me siento en la calle y estoy hablando con Dios y le digo: Señor ya estoy cansado, has algo con mi vida.”

Esta es la historia de Víctor Manuel Santiago, un joven de 20 años que llegó al lugar menos deseado, la prisión federal. En la cárcel Víctor experimenta situaciones que cambiaron su vida para siempre. La historia comienza así…

“Veo que los agentes vienen y no corrí. Me quede quieto, tranquilo. Yo sabía que estaba cansado de lo mismo y me arrestaron.”

 10 de abril del 2007. Ese fue el día que arrestaron a Victor. Había acabado de cumplir 20 años y tenía un hijo que venía en camino.

“Comienzo en la 304 jóvenes adultos y recuerdo que ahí pues el orgullo, el qué dirán, todas estas cosas pues estaban batallando en mí.  Trataba de buscar a Dios pero me daba cuenta que el qué dirán podía más que lo que quería realmente mi corazón hacer.”

Fue en un allanamiento en el residencial Las Flores en Aibonito, cuando los agentes encontraron droga debajo de la cama de Victor. Y haber encontrado esa droga fue suficiente la causa para el arresto.

Él alega que ese primer caso fue fabricado. Que la droga que estaba debajo de su cama no era de él, la pusieron ahí para culparlo. Cuando le pregunté si se pudo probar, esto fue lo que contestó.

“No, porque es el gobierno contra ti y ya cuando tú tienes un record que te han intentado arrestar y todos los casos se te caen, pues, es un poco más difícil probar tu inocencia. Así que ni me esforcé por eso.”

Entonces, en ese momento Víctor tuvo que tomar una decisión. Debía decidir entre que encarcelaran a su novia, que estaba embarazada o él asumir culpabilidad por esa acusación. La libertad de su novia por la suya. Ya que ambos estaban incriminados por la droga que encontraron en ese cuarto. 

“Así que la única forma fue hacerme culpable para que ella fuese libre.”

 Victor fue trasladado luego a la cárcel en Bayamón. En esa carcel en Bayamón fue que se reconcilio con Dios y hubo un cambio verdadero en él. Victor comenzó a tener experiencias con Dios que marcaron su vida y comenzó a ver lo real que es Él. Ahora había decidido vivir una vida que honrara al Señor, pero en la cárcel tú no decides que va a pasar.

“Pues tuve que pelear en dos ocasiones y no era lo que yo quería, no era lo que yo quería pero la prisión, el sistema te obliga a tu defenderte a hacer lo que tengas que hacer por defender tu vida, tus principios, tus valores y que no abusen de ti.”

Y en la cárcel en Bayamón la vida de Victor comenzó a tener influencia sobre sus compañeros en prisión. Victor tenía un hermano biológico con el que compartió celda , sí, su hermano biológico. Pero Luis, un hombre en un estado de depresión profundo hizo que Victor y su hermano se separan de celda.

“Dios me ayudo a rehabilitarme y ayudar a otros que tenían depresión.”

Asi que Víctor dio por gracia, lo que por gracia había recibido.

“Tuve que hablar con mi hermano y decirle que pues se mudara pa otra celda pa poder traerme a esa persona para mi celda para poder tener mas contacto con él y poder ayudarlo porque todos los días lloraba…”

Y esta es la razón por la que Victor lo hizo…

“Ya aquí no valía la sangre, valía el propósito de Dios”

Victor tuvo la oportunidad de pastorear vidas dentro de la cárcel, aunque no los dejaban reunirse formalmente porque pensaban que era peligroso que los presos se reunieran en la capilla. Entonces ellos se reunían afuera, donde todo el mundo escuchaba la predicación.

En la cárcel luego de conocer a Dios no todo fue fácil para Victor. Los famosos “tranques” en la cárcel federal fue una de las cosas que más recuerda.

“A veces estábamos tranca’os 2, 3 semanas corridas comiendo pan, jamón y queso. Por la mañana, al medio dia y por la tarde.”

Los “tranques” son castigos donde privan al preso de comidas calientes, y también los obligan a hacer todas sus necesidades dentro de la celda.

A consecuencia de todas esas malas experiencias dentro de la cárcel, la mayoría de los confinados esperaban algo que les alegrara el día…

Yo creo que eso es la esperanza del confinado”

Así recuerda Victor las cartas que recibía de su novia mientras estaba preso. En este lugar, la comunicación con el mundo exterior es totalmente controlada. Tanto así que a veces se olvidan de quienes están allá adentro. Se deshumaniza a quien paga una condena. 

“No hay rehabilitación en la cárcel, te rehabilitas tú y Dios. Tomando la decisión.”

En el proceso de Víctor reconciliarse con Dios 

“Deje de hablar malo, deje las malas mañas, deje de fumar…deje todo porque Dios me libertó.”

“Antes de salir de la cárcel, yo no quería salir. La cárcel te vuelve… no adicto, sino dependiente.”

Ya listo para irse de la cárcel, Victor no tenía a donde ir. Salir representaba una vergüenza por lo que otros podrían decir de él.

Y yo recuerdo estaba asustado… Ya aquel «chino» Victor como le decían, que era un arrogante un orgulloso, que se creía que todo se lo sabía, 5 años después ya estaba tímido.”

Pero aún en su salida de la carcel, Dios se glorificó y Dios guió su salida. Personas que él no esperaba, le dieron dinero para ayudarle, y todo cayó en tiempo. 

Ahora Victor tiene un empleo y una esposa. Visita a su hijo y tiene una buena relación con él. Además, Victor ha viajado llevando el mensaje del evangelio a otros lugares, como Dios le prometió en la cárcel. 

“Que sabía yo que Dios iba a utilizar esta situación, verdad para poder formar otra vez mi vida.”

Y en el lugar donde todos estaban presos,Víctor experimentó una verdadera libertad. Conoció al Dios de las maravillas en el lugar más oscuro y triste.